Hay proyectos que nacen con una fecha concreta de inicio y de finalización. Otros, en cambio, se desarrollan lentamente, a medida que las personas que los hacen posibles crecen, cambian y los transforman. Pintemos nuestro patio pertenece a esta segunda categoría. Entre 2018 y 2023 tuve la oportunidad de coordinar este proyecto mural en el Colegio Romareda AA.RR., una iniciativa desarrollada junto al alumnado con el objetivo de transformar progresivamente distintos espacios del centro a través del arte. Más que una obra de autor, fue un proceso colectivo de aprendizaje, creación y participación.
Mi papel no consistió en realizar un mural propio, sino en diseñar el marco pedagógico y artístico que permitiera al alumnado investigar, reflexionar, proponer soluciones visuales y materializarlas sobre los muros del centro. Como docente, actué como guía, coordinador y acompañante del proceso, aunque también participé activamente en la ejecución de buena parte de las pinturas, trabajando junto a los estudiantes.
Desde el principio me interesó entender el muro como un espacio de construcción simbólica. Los centros educativos están llenos de mensajes implícitos sobre aquello que una comunidad considera importante. Intervenir sus espacios supone también preguntarse qué valores, referentes e historias queremos hacer visibles.
Una de las líneas fundamentales del proyecto fue la incorporación de referentes procedentes de ámbitos diversos del conocimiento, la cultura, la ciencia y las artes. A lo largo de los años fueron apareciendo en los muros del centro figuras como Frida Kahlo, Yayoi Kusama, Nadia Boulanger, Clara Schumann, Amelia Earhart, Malala Yousafzai, Ada Byron, Zaha Hadid, María Moliner, Ana María Matute, Hipatia de Alejandría o Carl Friedrich Gauss, convertidas en puntos de partida para trabajar memoria cultural, pensamiento crítico y construcción de referentes compartidos.
La ejecución se prolongó durante varios cursos académicos y tuvo que adaptarse a circunstancias cambiantes, incluida la pandemia. Lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, aquella situación confirmó algo que sigo creyendo hoy: la creatividad constituye una de las formas más eficaces de resistencia frente a la incertidumbre y el desánimo.
Mirado con perspectiva, Pintemos nuestro patio fue también una experiencia decisiva en mi propia evolución profesional. Me permitió comprender que muchas de las preguntas que había explorado durante años desde la práctica artística podían desarrollarse igualmente en contextos educativos y colaborativos. La identidad, la memoria, la representación o la capacidad transformadora de las imágenes seguían presentes, aunque ya no a través de una obra individual, sino mediante procesos compartidos.
Con el tiempo he comprendido que uno de los mayores logros del proyecto no fue la transformación física de los espacios, sino la posibilidad de que el alumnado se reconociera como creador y agente activo dentro de la comunidad educativa. Los muros cambiaron, sin duda. Pero también cambiamos quienes participamos en ellos.
A menudo se piensa que el arte transforma los espacios. Después de esta experiencia, estoy convencido de que también sucede lo contrario: son los espacios, las personas y las comunidades quienes terminan transformando al artista.
Proyecto coordinado por Javier Joven junto al alumnado y la comunidad educativa del Colegio Romareda AA.RR. (2018-2023).























Asombroso, realmente este tipo de pinturas es muy llamativo y espectacular. Muchos artistas que realizan estas obras son fascinantes porque para mí, pintan las calles de color y vida. Hay una pintura en Turin, francia que esta en un edificio pequeño y es extraordinario, una de mis favoritas