Premio Ibercaja Pintura joven 2010

14/11/2010

ROBERTO MIRANDA (rmiranda@aragon.elperiódico.com)

PREMIO IBERCAJA PINTURA JOVEN 2010

LUGAR Museo Ibercaja Camón Aznar (c/ Espoz y Mina, 23)

FECHAS Del 5 de octubre al 8 de diciembre del 2010.

HORARIO Martes a sábado, de 10 a 14 y de 17 a 21. Domingos y festivos, de 10 a 14

Las franjas cromáticas vibran como cuerdas frotadas y escapan al dominio completo de los ojos. Están pintadas a pulso y parece adivinarse en ellas la respiración, el movimiento no ya de la muñeca y la mano, sino de todo el cuerpo. Se muestran en una dimensión de lo visible que no termina de aquietarse, que no se deja cazar. Ahí, en ese territorio desafiante, el cuadro de Ferran Gisbert recoge la deriva posmoderna sinuosa, ambivalente y entregada al azar, en contraposición con el recorrido lineal, unidimensional y predeterminado. Desde esa dinámica hay que contemplar la exposición entera.

Juan Gil Segovia crea un chorro lineal de colores dispuesto como un scalextric que se sale del cuadro, se desparrama por el suelo, y asciende luego por otra pared como una fuente musical de agua, intercambiando el espectro de franjas pero sin perder nunca la recta. Son sueños característicos de personas que aman la libertad es el título de otro paisaje con árboles, torres y montañas que viene azul de lejos y se nos acerca cálido para invitarnos a beber. La caligrafía puebla el cuadro de signos desde atrás hacia nosotros. Lirismo, calidez plástica de Marta Aguirre. Los muñecos de Cristina Herrera habitan la estancia entre el sueño y la vigilia. La luz guarda silencio reposada en los colores, en ese sosiego infantil, raro y culpable.

Retrato del artista seducido, de Javier Joven, el ganador, es un autorretrato en el que el rostro está borrado, como una paradoja visual. El cuadro reproduce pictóricamente la pose del artista ante una cámara digital imaginaria, en una instantánea quemada por la luz. Y parece captar el instante frívolo de una inauguración. “Tiene un punto de inmediatez muy fuerte –declaró el propio artista–, de la que parte la seducción, pero sólo queda la cáscara en el intento de capturar al objeto mismo, que se desvanece.

Francisco Javier Riaño ofrece El tiempo desde el interior acristalado de una cafetería de estación. Seres desubicados, anónimos dentro de la burbuja, y afuera, fugaces encuentros superficiales, la diafanidad de la luz como un enigma, la lluvia posada complicando el suelo. Todo, hasta la zozobra, parece estar en orden. San José, de José Luis Cremades, muestra una raya vertical muy brillante, una rendija que ilumina de rojo a todo el cuadro desde el fondo, y le presta energía vibratoria. Rothko en la memoria. Cremades plantea el cuadro como un objeto de reflexión, “un momento de silencio en el que somos libres para pensar”. Jaime Jurado (Landscape 34) muestra el abrupto final de una ciudad en las afueras. Todo el territorio habitable pertenece a la estrecha franja superior como un zócalo. Lo demás es el gris abstracto de la intemperie.

Fuente: El Periódico de Aragón

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