Javier Joven: “Cuando digo que soy pintor, me preguntan ¿y en qué trabajas?”

Entrevista por Estela Cuesta León:

Jueves, 21 de Abril de 2011 09:09

Javier Joven es el artista zaragozano ganador de la última edición de Pintura Joven que organiza Ibercaja anualmente. En esta entrevista nos habla de sus técnicas, de su manera de sentir la pintura…e incluso, opina sin complejos sobre la no profesión de ser artista en el s.XXI.


Retrato del artista seducido, autorretrato de Javier Joven

De las 84 obras que se presentaron en este certámen realizadas por artistas menores de 35 años y de cualquier localidad española, 31 de ellas han llegado a Guadalajara para el disfrute de todo aquel que se acerque a esta exposición en la calle Capitán Arenas nº5. Fecha límite: el próximo 30 de abril.

El premio Pintura Joven de Ibercaja consiste en que compraron tu obra por 12.000 euros. Si es así, ¿sabes qué van a hacer con ella?

Pues… ¡supongo que colgarla! (risas) Al menos eso es lo que espero, para que se disfrute. Las obras que pertenecen a las instituciones suelen tener destinos inciertos; desde ambientar un espacio VIP en un evento efímero hasta decorar un despacho, o ser almacenadas en espacios reservados a su colección. Algunas de mis obras ya han “vivido” todas esas posibilidades. Lo importante es que se valoren y que de vez en cuando se “actualicen” a través de la mirada de un espectador.

¿Cómo has hecho el cuadro?

Habitualmente trabajo por proyectos: cada proyecto supone una unidad temática sobre la que elaboro varias propuestas plásticas. En este caso, una vez recopilé cierto material documental (fotográfico y literario), me dispuse a pintar sobre lienzo y madera. Este cuadro, en concreto, requirió montar un bastidor, clavar la tela, y después copiar una fotografía que previamente había transformado con el ordenador para obtener ciertos valores lumínicos. La técnica es acrílico, porque buscaba inmediatez en el proceso (este tipo de pintura seca muy rápido y permite trabajar por capas) y cierto acabado plano, pero con colores saturados. El acrílico ofrece unas calidades que, pensé, tenían que ver con el motivo de la representación.

¿ Es un autoretrato? ¿ Por qué decidiste pintarte y por qué sin ponerte rostro?

En efecto, la pintura representa un autorretrato sin rostro. La idea tiene un germen literario (aunque pintores que admiro enormemente ya se han pintado sin rostro, como Vermeer en su taller, por poner un ejemplo). Cuando leí Retrato del artista adolescente, de James Joyce, pensé en narrar en primera persona mis impresiones en torno al mundo del arte. Después de pasar una temporada en Latinoamérica, regresé a España al obtener una beca de residencia en la Casa de Velázquez. El contraste entre ambos mundos fue todo un estímulo. Dediqué toda mi beca a contar, a través de la pintura, mi experiencia en Paraguay, y cuando terminé la beca, le tocó el turno a mis vivencias en Madrid. Ambos proyectos son casi opuestos estilísticamente, pero sin duda están unidos por oposición. El primero fue un relato barroco y recargado, lleno de subjetividad, y el segundo una historia contada con aparente objetividad, algo frívola. El presente cuadro dio título al proyecto entero y fue de los primeros de la serie: Retrato del artista seducido. Todos ellos retrataban a artistas posando en eventos artísticos (fiestas e inauguraciones), y los rostros aparecían quemados de luz, comodesvaneciéndose. Se trataba de “des-egotizar” al creador (en efecto, los artistas andamos sobrados de ego), poniéndome a mi en el centro de la ironía. La imagen es toda una paradoja visual; si el autorretrato es el “éxtasis” de la individualidad, ¿qué pasa cuando sólo queda la máscara (gafas, perilla, sombrero) y los rasgos realmente personales son eliminados? La imagen es un juego entre lo que “promete” y lo que, de hecho, no es.

Has disfrutado de otras becas y premios con anterioridad. Además, en muy poco tiempo has vivido cambios radicales, como cuando fuiste a Paraguay. Con estos cambios, ¿cambia también tu forma de pintar?

Mi pintura es muy permeable y está íntimamente ligada a mi experiencia vital. Evidentemente, Asunción la transformó. Allí tuve la oportunidad de realizar una Maestría en Arte y Cultura de Iberoamérica, lo que me aportó una influencia incuestionable. Pero más allá de lo académico, lo que al final más nos transforma a todos es la gente (en aquel momento, la que conocí en Bañado Sur, barrio sobre el que trabajé). Los dos años posteriores los dediqué a su homenaje, tal fue el impacto. Mientras “digería” todo aquello (soy de digestión lenta) iba alimentándome de otros sucesos en la Casa de Velázquez, que trabajaría más tarde en mi estudio zaragozano. En realidad, la pintura es algo “diferido” que me sirve como proceso de análisis de lo vivido. Paralelamente, en cada proyecto trabajo técnicas y recursos que no he probado hasta la fecha, pero siempre ligados al mensaje.

Hace poco preguntaron al actual dir. De la Academia de Cine, Enrique González Macho, si le parecía justo que el cine recibiera subvenciones y no el resto de artes. Él contestó que el cine es una industria que necesita mucho dinero para desarrollarse y que las subvenciones son necesarias. Como miembro de ese “resto de artes”, ¿qué opinas?

Creo, en efecto, que en el mundo del cine hay una percepción clara y sin complejos de su ser-industria. Su elevado coste de producción hace que este maridaje sea inevitable, “necesario”, en los tiempos que corren. A partir de esta consideración, se puede pedir sin ambages todo el dinero que se quiera. No creo que el planteamiento del director de la Academia sea excluyente con ese otro “resto de artes”, mientras cada uno reciba lo suyo, es decir, lo que está de acuerdo a su ser (o no) industria. Ahora bien, con ese resto de las artes hay cierta confusión, tanto en su percepción interna como en su consideración externa. Ya lo pone de manifiesto hablar de ellas como resto (exceso, sobrante; residuo, en suma), desde la propia pregunta. La pintura, la fotografía o el vídeo-arte, donde identifico más mi terreno, no son consideradasindustria por las connotaciones negativas que ello acarrea, en primer lugar, para el artista. Se trata de actividades que nacen con una vocación poética (al menos las que consideramos auténticas), muy alejada del interés material. Sin embargo, todo artista aspira a vivir de su trabajo. En realidad, lo que ocurre en mi caso (como en tantos otros), es que uno no puede vivir sin pintar, aunque no pueda vivir de pintar. Esa es la clave -que ya apuntaba Rilke en sus Cartas a un joven poeta- de la honestidad del artista. Entonces uno vive para pintar, haya o no subvenciones. Y esto nos repliega y hace que pedir una retribución por hacer una actividad tan ligada al desarrollo personal parezca un insulto. Es hora de quitarse complejos: la vocación no sólo es algo sagrado para la esfera personal, ya que conlleva una interacción con el entorno que sobrepasa con creces lo individual y comporta una beneficio social en muchos aspectos (incluido el económico, aunque para el artista sea el menos importante). Estamos muy lejos de la una percepción real del arte en suser propio. Para el Estado no somos una figura fiscalizable, sino un resto, y en cierto modo también para la sociedad, que nos circunscribe a la miscelánea del “ocio” o la “cultura” (términos vacíos de contenido). No hay más que ver la prensa. Cuando digo que soy pintor me preguntan ¿y en qué trabajas?.

¿Fórmulas? Empecemos por cambiar la percepción del artista desde los artistas. Expliquemos nuestros proyectos con claridad, pidamos dinero para realizarlos. En otros países hay patrocinio, incluso rentas básicas. Por lo demás existe unManual de Buenas Prácticas que todo el mundo parece obviar, y muy poca voluntad de inversión pública o privada en una actividad que sigue considerándose tan poco rentable (al menos en su acepción más “industrial”).

¿Podrías describir un cuadro tuyo al que tengas gran recuerdo/cariño/mal recuerdo/? Simplemente describirlo y decir cuál es el sentimiento.

Bueno; tengo especial cariño a la serie de seis cuadros que dediqué a Pilar, amiga que padeció un cáncer de pecho, con la que trabajé en un bonito y esperanzador proyecto en torno a su cuerpo. Los cuadros la mostraban en pose anatómica, cada uno con un punto de vista distinto girando 360 º sobre su eje. Toda una lección de auto-aceptación del cuerpo y del ser.

¿Mal recuerdo? Me da bastante pudor enseñar mis primeros trabajos, aunque me río mucho con ellos. Por otra parte muchos cuadros se me han “atragantado”: recuerdo un retrato cuyo rostro tuve que “tachar” hasta tres o cuatro veces…

Lo que tu pintas, al igual que el resto de participantes en el premio, ¿es arte moderno?¿Cuales son sus características, la expresión, las técnicas….? ¿Qué es lo que lo define?

En realidad, la etiqueta de “moderno” tiene muchas acepciones, pero estrictamente se refiere más a los cuadros de una época ya pasada. El término postmoderno también se va quedando atrás…: al arte que se hace en nuestros días se le etiqueta de contemporáneo (cajón de sastre donde cabe casi todo y que tampoco dice casi nada) y no se puede hablar, dentro de él, de unas características muy estables. Sí es cierto que se trata de un arte muy influenciado por la filosofía(postestructuralismo, semiótica, fenomenología, psicoanálisis, pensamiento feminista, y un largo etcétera), aunque últimamente se le quiera vaciar de contenido a través de su presentación pública frívola. Estamos en una época propicia para el arte desde el punto de vista de la enorme tolerancia y diversidad de sus propuestas, con el contrapunto de que eso mismo, a menudo, abre las puertas al oportunismo -lo que Baudrillard llama la nada al cuadrado-. Pienso que el arte requiere una mirada, cuando menos, pausada (reflexiva o no), y eso choca frontalmente con las estrategias actuales de comunicación. Por eso a veces enfada. Otras veces lo hace con razón porque, sencillamente, le falta honestidad y es vacío.

¿Por qué pintas? ¿Para qué pintas?

Creo que más o menos la respuesta se ha ido desprendiendo de lo dicho más arriba, pero básicamente porque no puedo dejar de hacerlo. Como para mí se trata de una especie de designio inevitable (risas), le cedo todo el “empaque” que posee mi tiempo en vida. Le dedico mi temporalidad a una actividad “improductiva” –industrialmente hablando- y hago de mi acción una “marca” de mi existencia. Y, ya que no puedo dejar de hacerlo, procuro que me sirva para reflexionar sobre mi relación con el mundo y con los demás, y cuento cosas, pero sobretodo soy. No estoy hablando de trascender; se trata de algo mucho más corriente ligado a la propia actividad de pintar, al aquí y al ahora. Tiene que ver con saborear el silencio del momento. Puede parecer retórico y excesivamente serio: lo es (de nuevo risas).

Tu obra El retrato del artista seducido está en estos momentos expuesto en la sala de exposiciones de obra social Ibercaja. Muchos guadalajareños ya lo han ido a ver. ¿Hay que entender de pintura para disfrutar de la pintura?

Un cuadro hay que mirarlo con los propios ojos, porque no se tiene otros. Con esta “perogrullada” quiero decir que, por mucho que digamos, uno es su propio eje de referencia. Pero también hay que saber ir más allá de uno mismo y dejar que el cuadro te mire. Yo creo que para mirar, como para relacionarse en general, siempre hay que presuponer buena fe en tu interlocutor. Si vamos con el prejuicio de que el arte nos quiere tomar el pelo tenemos, de entrada, un buen parche. Puede que a veces una obra quiera provocarnos, o hablar de algo poco gratificante. Si nos abrimos al otro, es posible que entendamos los porqués de esas actitudes. Yo no creo que haya que entender de pintura para disfrutarla. Pero, como con el vino, qué duda cabe de que, si ampliamos nuestro lenguaje y categorías en torno a ella, podremos apreciar muchos más matices. De todas formas, al final, habiéndola estudiado o no, pontificaremos; estableceremos el veredicto sobre lo que vemos. Nuestra mirada es algo déspota y absolutista: quizás, a veces, sea mejor no hacerle caso.

Por cierto, ¿Conoces Guadalajara?

Lo cierto es que sólo de paso, y muy fugazmente. La he visto siempre a más de doscientos kilómetros por hora. Y, cómo no; me encantaría conocerla con el calmado tiempo de la pintura.

Fuente: http://www.nuestroduende.com/exposiciones/125-entrevista-a-j-joven-pintor-hay-que-ir-mas-alla-de-uno-mismo-y-dejar-que-el-cuadro-te-mire.html


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